domingo, 10 de agosto de 2008

JUEGOS OLIMPICOS PERU 2024


Lima, 10 de agosto de 2024


El fragor de 500 pututus atrapando el espacio del estadio olímpico José Luis Carranza, más conocido como el “Pumómetro”, ubicado en la residencial y exclusiva zona de Los Olivos en Lima, fue el inicio de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos Perú 2024. Inmediatamente, cientos de sicuris armados de zampoñas rodean a Manco Capac y Mamma Ocllo, interpretados por los jóvenes actores Federico Dantón García y Gabriela Carmona Rodríguez, quienes inician su descenso por las gradas, en una recreación de la leyenda de la fundación del Imperio Inca, en versión teatralizada por la antropóloga Elianne Karp Vda de Toledo e inmortalizada por el galardonado director Alex Otiniano. En paralelo, 500 músicos al mando de María del Carmen Dongo se reúnen con cajones peruanos de percusión en el centro del Estadio, mientras 300 bailadores de Perú Negro forman un artístico mosaico de danzas negroides en el centro del campo para luego dar pase al grupo Yuyachkani, quien ejecuta un vistoso pasacalle.

Hace su aparición una colorida estampa de la cultura peruana en la que confluyen elementos, personajes y trajes típicos de las diferentes zonas de costa, sierra y selva del Perú, que forma en el escenario un gigantesco retablo, creado por Ciro Taype, diseñador de Pisquito, la mascota de los Juegos Olímpicos Perú 2024. Un brioso corcel blanco lleva a una misteriosa amazona cubierta de un tul que oculta su identidad; 5 niños del Colegio Newton, representando a los continentes, debelan el tul y descubre a la estrella de cine soho Leisy Suárez, vestida con la bandera olímpica.

Juan Diego Flórez entona “Mater Perfecta”, himno de los juegos olímpicos compuesto por Gian Marco Zignago, inspirado en su madre, con el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Alas Peruanas. Miles de jóvenes vestidos con los colores azul, negro, amarillo, rojo y verde forman los cinco anillos olímpicos que después de un cambio de ritmo y otros colores se convierte en la bandera del Tahuantinsuyo, para algarabía de la nutrida concurrencia gay. Se apagan de golpe las luces del estadio y se da inicio al gran corso de Tottus en el que desfilan 30 carros alegóricos simbolizando los productos bandera de los diferentes continentes, cerrando su paso con los esperados fuegos artificiales que llenan de colorido la opaca noche limeña.

Manuel Burga Seoane, presidente del Comité Organizador Olímpico de Perú 2024, que es, a su vez, el presidente vitalicio de la Federación Peruana de Fútbol, quien, como se recuerda, reemplazó en el cargo al nonagenario Arturo Woodman Pollit, que se vio obligado a renunciar al cargo aquejado de una serie de males propios de su avanzada edad; en compañía del presidente del Comité Olímpico Internacional, el ex atleta canadiense Ben Johnson, declamaron emotivos discursos de bienvenida. Acto seguido el presidente del COI invitó al Excelentismo Presidente del Perú, Ing. Kenji Fujimori Higushi, a declarar inaugurados los Juegos de la XXXIII Olimpiada. Posteriormente, en comunicación virtual desde Ciudad de Vaticano, Su Santidad el Papa José María I, Juan Luis Cipriani, envió un caluroso saludo a los participantes y, especialmente a sus compatriotas, deseando que las olimpiadas se inspiren en la paz y rogó para que la guerrilla de los hermanos Humala no empañe este magno evento.

Siguiendo los cánones de la carta olímpica respecto a la ceremonia inaugural, se da inicio al desfile de los 20.000 atletas, deportistas y técnicos que participan en los Juegos representando a las 200 delegaciones de Comités Olímpicos de todo el mundo. Grecia, como país fundador de los Juegos Olímpicos, abre el desfile, y Perú, país anfitrión, lo cierra con una nutrida delegación encabezada por el veterano campeón bolivariano de Vale Todo, Iván “El Pitbull” Iberico.

El momento cumbre se da con la llegada de la antorcha al Estadio y el recorrido de los atletas portadores que culminan el rito olímpico, siendo conmovedor el último relevo de la tea ardiente a cargo del octogenario ex atleta peruano Fernando Acevedo, cuya marca nacional de los 100 metros planos impuesta en el año 1969 se mantiene aun vigente, quien al estilo tradicional y con temblorosas manos, enciende el pebetero con el fuego olímpico, símbolo de la fuerza que velará, día y noche, todas las competiciones hasta el momento de la clausura.

Bajo la llama sagrada, con la bandera olímpica presidiendo el estadio y en presencia de todos los abanderados como testigos, el futbolista Juan Alonso Bazalar, nieto del mítico jugador peruano Juan Carlos Bazalar, que jugó fútbol profesional hasta los 50 años y la jueza olímpica Carolina Lizárraga, pronuncian el solemne juramento de competición limpia e imparcialidad en nombre de los participantes en los Juegos.

Se acerca el final de la inauguración y el arte vuelve a estar presente en la ceremonia. Hacen su ingreso al escenario Juan Diego Flórez, Eva Ayllón, Gian Marco, Pedro Suárez Vertiz, Dina Paucar, Sandra Muente, Dayvis Orozco y el legendario Arturo “Zambo” Cavero, para ofrecer al mundo un popurrí de canciones peruanas e internacionales, siendo la más sobrecogedora aquella interpretación del aria Nessum Dorma de la ópera Turandot del célebre compositor Giácomo Puccini en la voz del barítono asopranado peruano Abelardo Gutiérrez Alanya, conocido mundialmente como Tongo.

Finalmente, el alcalde de Lima, Luis Castañeda, entregó la llave de la ciudad a las delegaciones y en un breve pero significativo acto, cortó, henchido de emoción y al borde de las lágrimas, la cinta que declaraba culminadas las obras del corredor vial Lima Norte y Sur que iniciara su señor padre en el año 2007 mientras ejercía su segundo mandato como alcalde de la ciudad.

jueves, 31 de julio de 2008

SI CLAro, compañero


Corría el año 1986 y el gobierno aprista comandado por Alan García Pérez, tuvo la feliz idea de organizar la Semana de Integración Cultural Latinoamericana (SICLA), evento que reunió a los mejores exponentes de la música, cine, letras, pintura y demás artes de la patria grande. La publicidad previa brilló por su ausencia y tan sólo se escuchaban rumores que vendrían, entre otros, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, que de por si, ya era toda una noticia de impacto para los amantes de la nueva trova cubana. El padre de un buen amigo que trabajaba por esos días en Petroperú, nos dio mayor alcance de las fechas y lugares; así, nos enteramos que los puntos centrales de las presentaciones serían el Teatro Municipal y la Plaza de Acho.

Un sábado soleado de abril, se inauguró la SICLA en el patio de palacio de gobierno con la presencia del Presidente García. Ese primer acto, desnudó la desorganización que marcó el desarrollo de la semana cultural. Las muchas personas que asistieron tan sólo pudieron ver el espectáculo desde las afueras de la plaza de armas y únicamente las autoridades y miembros del partido de la estrella tuvieron el privilegio de acceder al patio. Si bien la inauguración fue televisada en directo por el canal estatal, la gente se quedó con un sabor amargo, al no poder ver de cerca a Silvio Rodríguez que interpretó “Canción del elegido” e “Historia de las sillas”; y a Pablo Milanés que cantó “Yo pisaré las calles nuevamente” y “Años”.

Por los diarios nos enteramos que el presidente de Sicla era Fernando Arias, esposo de la entonces Ministra de Salud, Ilda Urizar (primera mujer ministra en el Perú) y conocido de un colega de Gerardo Diez Plá, ingeniero civil de la Católica, amante de la trova, mi gran amigo y compañero de esta aventura. Sabíamos que el centro de operaciones de Sicla quedaba en el antiguo local de Minero Perú en la avenida Arequipa y ese domingo enrumbamos con Gerardo en busca de Fernando Arias. Llegamos al local, lleno de gente que iba de un lado a otro, atiborrado de afiches y programas. Preguntamos por Arias y nos señalaron a un tipo de baja estatura y de rostro preocupado. Nos presentamos como amigos de su conocido y le ofrecimos echar una mano en lo que se pudiera, si hacía falta. Fernando Arias, resultó ser un tipo muy amable y cálido que tomó nuestra presencia de la mejor manera y nos puso en contacto con la persona que coordinaba el tema de las presentaciones musicales en la base del Hotel Crillón, entregándonos una tarjeta suya en las que nos recomendaba “como amigos que querían apoyar sin ningún compromiso”. Saliendo del local de Minero Perú, nos topamos con un automóvil de la embajada cubana que estaba llevando nada más y nada menos que a Silvio Rodríguez, quien respondió a nuestro saludo y nos dijo, bajando la ventana del auto y con la timidez que lo caracteriza: “estamos en el Crillón”.

Si el local de Minero Perú era un pandemónium, el Hotel Crillón era una atolondrada torre de babel. Una cantidad incalculable de personas que iban y venían, un caos de gritos y órdenes. Dando vueltas por el lobby nos topamos con Oswaldo Guayasamin. Subiendo por el ascensor para buscar al coordinador, abordan en el segundo piso Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. El contacto duró segundos, sólo fue un saludo y una broma del gran Pablo, pero para nosotros fue soberbio.

El responsable de apellido Collazos, era, al parecer, un cuadro importante del partido y un experto en la organización de eventos masivos. Al principio midió con desconfianza nuestra presencia y nos mandó ordenar programas y contar afiches. Después de un rato, nos preguntó a qué nos dedicábamos y se mostraba más amable. Lo que vino en los días siguientes, fue tremendo para nuestros tiempos y trabajos, pues, fuimos asumiendo una serie de responsabilidades logísticas y técnicas que demandaron un tiempo a dedicación completa, sin un centavo de paga y sin siquiera tener el privilegio de acceder a las funciones del teatro Municipal, porque, finalmente, pagamos las entradas de todas las presentaciones a las que asistimos.
Las actuaciones en la Plaza de Acho eran gratuitas y después de trabajar coordinando sonido, iluminación, seguridad y hasta el traslado de los artistas en los buses, podíamos circular, gracias a nuestras credenciales, por todas las áreas y compartir codo a codo con los artistas. Resultan inolvidables nuestro saludo de urinario a urinario con León Gieco y la aparición de mi amigo Gerardo en el escenario de Acho, detrás de Silvio Rodríguez mientras el maestro interpretaba Ojalá, cigarro en mano y con una chompa con la figura del “camarada” Mickey Mouse.

La gente de la organización nos llamaban "los tigres", pero no faltaban aquellos militantes que nos decían “compañeros”, y es que sin ser parte del partido, terminamos impartiendo órdenes, teniendo gente a nuestro cargo y asumiendo muchas responsabilidades por lo que nos fuimos identificando con el personaje del cuento “La Insignia”, de Julio Ramón Ribeyro. Fue tan valorado nuestro trabajo, que al año siguiente que se organizó el CICLA (Consejo de Integración Cultural Latinoamericana), que fue menos aparatoso y más centrado en la música, nos nombraron (ad honorem, claro está) coordinadores de música y folklore, responsables de las presentaciones en la Plaza de Acho y las de la Taberna del 900 en Barranco y en el Satchmo en Miraflores. Nuestro gran beneficio fue compartir tiempo y amistad con estos grandes artistas, en los tiempos libres, en sus ensayos y en aquellas entrañables encerronas y guitarreadas que se organizaban en el Hotel Crillón, recordando aquella en la que el maestro y gran amigo Vicente Feliú, cantó más de 20 canciones para 4 personas; un verdadero lujo.

Si bien para nosotros fue una experiencia inolvidable, no podemos olvidar la desorganización que vimos de cerca y el derroche de funcionarios que medraban sin hacer absolutamente nada, mientras disfrutaban su alojamiento en el Hotel Crillón dedicándose a consumir alimentos y bebidas sin control ni medida. Se dijo y, estoy seguro que fue cierto, que ese Sicla le costó al país más de un millón de dólares.

Más allá de sus problemas y limitaciones, la Sicla permitió a Lima, tener por única vez en su historia, a esa constelación de estrellas de la música latinoamericana: Silvio Rodriguez y la Orquesta Afro Cuba; Pablo Milanés, Vicente Feliú, Santiago Feliú, Lázaro García, Sara González, la Orquesta Irakere y el grupo Proyecto de Gonzalo Rubalcaba de Cuba; Alberto Cortéz, Raphael Amor, Mercedes Sosa, Víctor Heredia, Fito Paez, León Gieco, Nito Mestre, MPA del Chango Farías y Peteco Carabajal de Argentina; Isabel Parra, Angel Parra, Santiago del Nuevo Extremo y el grupo Inti Illimani de Chile; Carlos Mejía Godoy de Nicaragua. Fueron memorables las presentaciones de Silvio Rodríguez con Pablo Milanés en la UNI y Villa el Salvador y la de todos los artistas cubanos en el parque zonal de San Luis, que es hoy la Videna; sin embargo, lo más impactante que recuerdo, fue la ovación de pie por espacio de más de 15 minutos a Silvio Rodríguez en el Teatro Municipal. De antología.

Todavía conservo el autógrafo de Oswaldo Guayasamin, que tan sólo escribió su apellido con letra de imprenta en un arrugado papel. Nadie me cree al verlo.

lunes, 14 de julio de 2008

El Chorri y el Rei

Roberto Palacios Mestas (Lima, 1972), conocido popularmente como el “Chorri", es sin duda alguna, el jugador más carismático de esa generación de futbolistas peruanos que hace más de 20 años no gana nada a nivel de selección. Unos cuantos goles espectaculares en las estériles eliminatorias del año 1996 al 2000 lo catapultaron como el símbolo del pundonor y el orgullo nacional. Supo ganar su buena reputación peleando los balones con marcado ahínco a pesar de su escuchimizada figura; pero sobre todo, al promocionar, a Estadio lleno, una camiseta con el lema “Te amo Perú”, luego de anotarle un tanto al mismísimo Chilavert en las Eliminatorias del Mundial de Korea – Japón 2002.

El Chorri Palacios es el jugador peruano con más presentaciones a nivel selección (122 partidos en 16 años y 19 goles); ha logrado 5 títulos (4 con Sporting Cristal y 1 con el LDU ecuatoriano) y ha jugado, aparte de los equipos mencionados, en el fútbol mexicano (Tecos, Monarcas Morelia y Atlas), en el Deportivo Cali de Colombia y en el Cruzeiro de Brasil. Una carrera respetable para un futbolista peruano de estos tiempos. Por otra parte, sería mezquino negar su capacidad técnica, actitud y disparo. Sin embargo, si hablamos de calidad, trayectoria y palmarés, al hacer un recuento de los grandes jugadores del fútbol peruano en su puesto de cara a definir un once ideal, el Chorrillano Palacios se encuentra bastante rezagado y en larga lista de espera en relación a cracks de la dimensión de Cueto, Cubillas, Uribe, Sotil, Velásquez, Percy Rojas, Chale, Mifflin, Cruzado o el mismísimo Pedrito Ruiz, por citar algunos jugadores que brillaron en las últimas cuatro décadas.

Como suele suceder en el terreno de los referentes y famosos, Palacios mal utiliza el poco crédito de su carisma para opinar sobre los problemas de nuestro fútbol. No en vano, en reiteradas ocasiones sus palabras, excesos y enfrentamientos han sido representados en sendos sketchs del Especial del Humor en donde el actor Walter “Cachito” Ramírez, hace una parodia suya que, estoy seguro, no le debe agradar nada al popular Chorri. De igual manera, no debemos olvidar que Palacios no ha sido ajeno a más de un escándalo relacionado a su azarosa y convulsionada vida privada.

A raíz del título del torneo Apertura obtenido por Universitario con absoluta justicia y sobradas cifras, Palacios ha dejado entrever en más de una declaración que “los árbitros y el sistema” han jugado a favor de la U y perjudicado al Cristal (más aun cuando al principio de este mismo torneo, hubo más de 3 partidos que se definieron a favor de los celestes debido a decisiones de los réferis que los beneficiaron). Concretamente se refirió a los supuestos fallos arbitrales del partido jugado entre ambas escuadras que de alguna manera definía el campeonato, cuando por cierto, la U aventajaba a su rival por 7 puntos. Días después en una entrevista en CMD con Alberto Beingolea, repitió su perorata ante el desconcierto de su entrevistador quien no podía descifrar lo que Palacios trataba de expresar con una oratoria más compleja que la del mejor Cantinflas que uno recuerde. Al final, no dijo nada, sólo medias palabras y semi acusaciones que desnudaron únicamente su piconería y mal arte de perder. A la vejez, viruelas.

En la otra orilla, Reimond Manco Albarracín (Lima, 1990), jugador símbolo de la selección peruana Sub-17 que clasificó al mundial de la categoría en el año 2007 en Korea, y que fue elegido el mejor jugador del torneo sudamericano clasificatorio a dicha justa.

Manco es un jugador diferente. Según algunos conocedores, tiene la magia para inventar un par de jugadas por partido y resolver un resultado con una genialidad. Ha tenido la suerte de haberse insertado al circuito del marketing de primer nivel del fútbol sudamericano y, ello implica, entre otras cosas, tener una alta consideración en la columna de Miguel Barraza en el Comercio o ser un caserito bienvenido para los reporteros de la poderosa cadena argentina Fox Sports. Ha logrado, el estatus de estrella emergente, de promisoria figura mundial que le ha permitido cerrar un jugoso contrato de 4 años con el actual tetra campeón holandés PSV de Eindhoven (club que sirvió de trampolín mundial a dos de los más grandes goleadores de los últimos tiempos: Romario y Ronaldo).

Todo parecería caminar bien en esta historia pero, lamentablemente, no es así, pues, luego de su consagración en el sudamericano Sub17, Manco fue presa fácil del periodismo que lo etiquetó como el nuevo sex symbol juvenil y lo fue alejando de las canchas y acercando a la farándula; descubrió los placeres de la noche con billetera llena y se rodeó de amistades poco propicias. En lo que respecta a su producción futbolística, fue muy pobre lo que ofreció en el año que jugó por Alianza (29 partidos y 3 goles). No marcó ninguna diferencia e incluso en un momento de baja performance y ante los reclamos de la hinchada grone, espetó esta desatinada respuesta: “Tengo un contrato asegurado (con el PSV), así que tengo que cuidarme ¿No? Sería loco si voy a exponerme sabiendo eso. No estoy ansioso por irme, pero creo que me desarrollaría mejor allá (en Holanda)", No me siento bien, quiero irme. No estoy dando el cien por ciento porque tengo miedo de lesionarme. Siento que estoy perdiendo el tiempo", la misma que generó la indignación y rechazo de sus propios compañeros. A pesar de este expediente, la prensa deportiva lo llama “el Rei”, en alusión a su nombre pero vinculándolo subliminalmente al apodo del mejor de todos los tiempos, el gran Pelé, en lo que considero, una falta de respeto absoluta a la monarquía del fútbol.

Se fue Reimond Manco a su periplo europeo (previas juergas discotequeras y reportes a su nuevo nivel económico), sin la trayectoria ni goles de Claudio Pizarro o de Jefferson Farfán, quienes antes de anclar en el viejo continente se cansaron de inflar redes en el torneo local. Dos antecesores que podrán ser cuestionados en el país por su producción a nivel de selección pero que han triunfado en todo lo alto en las exigentes ligas en las que les ha tocado participar y en las que han probado más de una vez el sabor de la gloria y el orgullo de la vuelta olímpica del campeón. Ojala, siga la senda de ellos y no la de otros efímeros viajeros y lo tengamos de vuelta en un par de años.

martes, 8 de julio de 2008

Las CADEras del Poder (*)

(*) Escrito en noviembre del 2003 y publicado a pedido de un gran amigo que lo considera vigente

La Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) siempre fue una suerte de termómetro de la coyuntura política y económica del país. El Presidente en ejercicio estaba prácticamente obligado a cerrar el evento con un discurso conteniendo algún anuncio o compromiso de impacto, más allá de aprobar – mismo torero peruano en Acho -, al exigente y conocedor público asistente; que, por cierto, era mayoritariamente vinculado a la actividad empresarial.

Los tiempos han cambiado y el Perú también. Las apariciones públicas o la asistencia a los más importantes eventos que se desarrollan en el país, sean estos de carácter cultural, social, político, deportivo o de simple diversión, están marcadas por una tipología especial de nuevos y antiguos caseritos que tienen tres cosas en común: el irresistible afán de figurar; el dinero para poder colmar sus caprichos; y, la desfachatez de sentirse erudito en mil temas. Y, así, esta selecta cofradía es la que siempre aparece en las fotografías de las páginas sociales de los diarios y revistas, en las primeras filas de los más variados conciertos musicales de Shakira a Pavarotti pasando por Serrat y Les Luthiers; son los nuevos hinchas de la selección que llenan los palcos suites y las graderías del Monumental; los mismos que están, bota y puro en mano, en las barreras de Acho; o vestidos de blanco en la fiesta del perol o en Pachacámac viendo desfilar a los caballos de paso; saben de cocina y de vinos por supuesto. Ser parte de este exclusivo gremio de todólogos no es fácil para nada, pues deben tener la capacidad histriónica de resaltar entre muchos y mantener un look adecuado para cada ocasión.

La última CADE desarrollada en Ica, es, que duda cabe, la mayor prueba de lo afirmado. Una galería de vanidades bien montada en algunos casos, como el ingreso en olor a multitud de un ex mandatario que, de la mano de su fiel cónyuge – como queriendo echar por tierra los excesos verbales de cierta inquilina de palacio-, regresaba a un difícil tendido que lo ovacionó y franeleó pero también condenó; o, la fragorosa polémica entre un político de extrema izquierda -de apellido bastante venido a menos en las últimas semanas- y un yuppie abogado neoliberal. Después, todo igual, lo mismo de siempre; los discursos y planteamientos de veinte años atrás, los panelistas refritos, la ideología circular y etérea de toda la vida, más allá de un discurso presidencial desabrido y deslucido en fondo y forma, que grafica el sentir de las, cada vez, más precisas encuestas.

Sin embargo, el punto central de la celebérrima CADE iqueña, fue el fin de fiesta y la euforia vivida por los asistentes. Una fusión de ritmos cubanos, merengues y chachachás en los que confluían entre disfuerzos y arrumacos, haciendo honor a Argüedas, todas las sangres constituidas en una festiva torre de babel y congregadas entorno a la solución de los problemas del país. Son dignos de resaltar algunos personajes de la dantesca fiesta como aquella ex candidata a la presidencia que ejerció un monopolio dancístico con el otrora blanco de las iras racistas de su señor padre, quien, con paquidérmicos movimientos, demostró, a propios y extraños, que su soltería no es una condición sino pura vocación.

Un clásico, ya, en estas lides, es la vaporosa presencia de una guapísima banquera, quien se ha ganado, con todo merecimiento, el título de la “Novia de las CADE”. La fila de sedientos y calurosos pretendientes a pareja de baile de la ejecutiva de moda, nunca mermó la media docena. Ahí, estaba, un ex procurador que fue la sorpresa de la fiesta, derrochando un estilo de baile probablemente extraído del estrecho vínculo de su especialidad profesional y sus constantes visitas a los penales – un conocido me dijo, con cierta maldad, que el susodicho personaje “bailando parecía el Tatán de CADE”-; por lo que, este quimboso y sandunguero bailarín, deambuló por la pista de baile como queriendo demostar a la población cadista y a los innumerables fláshes y cámaras presentes, que esa cintura no sólo la adquirió saliendo bien librado de sus peligrosos affaires con el fujimontesinismo. No faltó entre los afanosos pretendientes, un abogado, muy cercano a Palacio, que llevó al límite del paroxismo su contacto corporal con la damisela en cuestión.

Fueron conmovedoras las escenas en que las que se ve a un ex zar antidrogas compartir la euforia del baile con un empaquetado congresista puneño con pinta de mosquetero derrotado; o la sensual danza de un ex ministro con la causante de la debacle de otro reciente ex colega de faja; o del responsable del tesoro público a quien se le vio dando botes con su oronda pareja.

Terminó una CADE más. No nos queda del todo claro si las grandes conclusiones ayudarán a mejorar el destino del país. Sospechamos que todo seguirá igual. Lo que si nos quedó claro a los sorprendidos y mayoritarios ciudadanos es que, por lo menos, tenemos la certeza que quienes manejan este país lo hacen con ritmo, glamour y con altas dosis de protagonismo.

domingo, 29 de junio de 2008

La sopa del Cóndor




Hace unos años atrás, el Doctor Jorge Alva, inacabable traumatólogo de Universitario de Deportes y de la selección de fútbol durante muchas décadas, llenó los titulares del siempre ávido periodismo deportivo, dando a conocer una supuesta pócima mágica creada para contrarrestar los efectos de la altura paceña (3,600 msnm) en la etapa de preparación de un partido de eliminatorias contra nuestro vecino país del altiplano. El resultado del partido fue un aceptable 0-0, pero que tuvo la particularidad de mostrar a un equipo peruano desplegando un derroche físico sin precedentes en tierras bolivianas. Días después, el orgulloso Doctor Alva, confesó el secreto de su éxito contándole al país que sus jugadores habían ingerido “sopa de cóndor”. Lejos de ser, en realidad, un apetecible caldo coronado por una generosa presa de nuestra legendaria ave andina, la sopa de cóndor no era otra cosa que un planificado régimen dietético basado en hidratos de carbono de tal manera que sustituyan la falta de oxígeno con la energía proveniente de los mismos.

Con el paso del tiempo, la sopa de cóndor fue implementada como elemento fundamental de cualquier preparación previa a un compromiso en altura. Lamentablemente, no fueron suficientes las bondades de tal dieta pues los resultados de los equipos peruanos en sus presentaciones en Bogotá, La Paz, Quito y México DC, fueron teñidos con el color de la derrota.

Ha pasado más de una década desde entonces y nuestro seleccionado de fútbol mantiene aun entre sus filas a varios de aquellos jugadores que tuvieron el privilegio de ser los primeros en consumir el denominado consomé de plumífero. Hay también, por cierto, sangre nueva pero que ha sabido mantener en alto las viejas prácticas de sus antecesores, es decir, jugar mal, perder sin decoro limitando con el ridículo y, por supuesto, sin dejar de lado su excesivo protagonismo al momento de ostentar sus lujos (cadenas y aretes de oro, ropa y artículos de marca, autos del año) que les permiten sus suculentos sueldos tanto a nivel local como en el extranjero, pero, sobre todo, exponiendo sus problemas afectivos rodeándose de bailarinas sanguijuelas, organizando bacanales en el mismo hotel en el que se concentran y libando licor hasta el amoratamiento y entumecimiento.

Precisamente, esa última juerga efectuada meses atrás después de un magro empate de locales con un apocado Brasil, célebre y documentada, apañada y consentida, inspiró las secuencias de los más hilarantes gags de los programas cómicos de la radio y televisión peruana durante un buen tiempo y elevó a la estratósfera el rating del programa de entrevistas que sacó el tema a la opinión pública. Quizás, el personaje más notorio del jaleo en el hotel haya sido Andrés “El Cóndor” Mendoza, delantero que juega con cierto éxito en Europa pero que es resistido por la afición peruana debido a su carácter díscolo y a un escandaloso gol que perdió ante Ecuador sólo frente al pórtico desguarnecido en las eliminatorias pasadas. Testimonios de empleados del hotel confirmaron su apetito insaciable con las féminas y las piruetas corporales que expuso en diferentes áreas del centro de alojamiento.

Según nos contaron, el Doctor Alva, anduvo muy triste después del papelón en la altura de Quito, cuando nuestros valerosos seleccionados cayeron estrepitosamente, dos días después de la pantagruelica juerga del hotel, por 5-1 frente a Ecuador. Los jugadores parecían flotar en la cancha, descoordinados y desconcertados, sin respuesta física ni actitud. Los mareó, entre otras cosas, “la sopa del Cóndor”, preparada con otros ingredientes, fragancias y sabores.

El fútbol que nos merecemos


El fútbol peruano se merece a Manuel Burga como presidente. No se le puede pedir más a un país que, en los últimos 25 años, eligió voluntariamente como gobernantes a sujetos como García, Fujimori, Toledo y que estuvo a apunto de optar por Ollanta Humala. Si estos ilustres personajes han definido el destino del país durante 3 décadas, no se entiende el escándalo que suscita la presencia de Burga al frente de la Federación, más aún, cuando su permanencia en el cargo se ha cocinado con los mismos ingredientes criollos utilizados por nuestros políticos. Burga es a Fujimori como Delfino a García, mientras que Juvenal Silva y José Mallqui vienen a ser algo así como los Toledos del fútbol.

Siendo el fútbol el principal producto de consumo popular que no genera bienestar alguno y que no cubre siquiera necesidades de autoestima o satisfacción colectiva, resulta incomprensible la cobertura que le dan los medios de comunicación en general, quienes terminan siendo uno de los pocos beneficiados del comercio y difusión de una actividad plagada de mediocridad e inmoralidad. Sin embargo y a pesar de los resultados paupérrimos que obtenemos desde el año 1985 a la fecha, el fútbol termina siendo el promotor de la efervescencia patriótica de los peruanos, expresada en una mala copia del fervor futbolero argentino y de lecciones históricas y cívicas mal aprendidas y, por supuesto, mal enseñadas.

No podían dejar de sumarse a esta cadena de desaciertos nuestros políticos, desde el presidente García al funcionario Woodman, pasando por congresistas ígnaros e ignotos. A un país que se acostumbró a 12 años de dictadura militar –sin que se procesara a una sola persona -, que convivió con el terrorismo, la hiperinflación, la destrucción de la institucionalidad democrática y soportó gobernantes esquizofrénicos, cleptómanos y beodos que sobrevivieron a la aceptación popular en color rojo fuego, le cuesta tomar acción frente a un tópico tan sensible e importante para el pueblo.

Para el gobierno intervenir el fútbol resulta ser, políticamente, más complejo que decidir poner en orden y restablecer el principio de autoridad en el transporte. No es más que un cálculo político que se debe medir y negociar como tal, no importando tanto el bien común sino la popularidad de la medida. Y claro, Burga y sus secuaces, se escudan en las faldas de esa señora poderosa llamada FIFA, que es la Mamá Grande de la corrupción deportiva mundial y de la que son conspicuos sirvientes y ayayeros y miden fuerzas con un gobierno temeroso a que esta instancia internacional los deje en el ridículo del destierro llamado desafiliación.

Los futbolistas y sus excesos e inmoralidades terminan siendo la parte más blanda y expuesta. La mayoría proviene de la pobreza y el infortunio, del hambre y la falta de afecto; por ello, al ser endiosados y al tener éxito fuera del país, donde por cierto, no pueden comportarse como suelen hacerlo en su terruño, regresan como los hijos pródigos a cobrar las facturas de sus complejos y frustraciones. Ellos son los gladiadores desnutridos que se enfrentan a los leones sudamericanos en una justa a la que solo estamos invitados como cebo. No tienen más culpa que la de no darse cuenta que son el lado visible de una estructura ineficiente y en estado de descomposición.


Ir al mundial es pura utopía y nos seguimos engañando cada cuatro años. Vivimos tiempos en los que se habla de crecimiento económico, de ser más competitivos para acceder a los mercados internacionales, de las grandes reformas del Estado, de la responsabilidad social de las empresas y demás temas que nos hacen pensar en un futuro diferente para el Perú. Sin embargo, el día a día nos ofrece muestras que nos regresan a la realidad de un solo cachetazo: precios que suben constantemente y sueldos congelados; revisiones técnicas vehiculares irracionales, peajes ilegales, contaminación ambiental irresponsable; muertes sin control en las vías urbanas y carreteras; construcciones inseguras; detenciones arbitrarias y discriminatorias; o, un Estado incapaz de reaccionar de cara a un desastre natural como fue el terremoto del sur, cuya población hasta ahora sigue viviendo las secuelas de la ineptitud e indiferencia de las autoridades responsables.

miércoles, 25 de junio de 2008

El cebiche en los tiempos del cólera


Para comer un buen cebiche en la Lima de los setentas había que trasladarse a los puntos estratégicos donde se podía consumir nuestro plato insignia que en esos tiempos no gozaba de la popularidad de estos días. De esa manera los lugares más difundidos eran los kioscos de Chorrillos, sobre todo el muelle de Pescadores cuyo día de esplendor era el primero de enero en el que cientos de resaqueados sobrevivientes de las fiestas de año nuevo imponían aquel rito indiscutible de cortar la tranca con una porción generosa y picante de cebiche acompañada de una cerveza o Inca Kola bien helada. Las familias no acostumbraban a salir a comer platos de pescado o mariscos y las opciones estaban centradas básicamente en el pollo a la brasa y el chifa. Los adultos conocedores del tema, hablaban de restaurantes en La Punta y el Callao, pero esencialmente de la oferta establecida en algunos mercados, como el Central, el de Productores en San Isidro, el de Jesús María y el de Magdalena los mismos que gozaban de buena fama en la materia. Es cierto que en algunos restaurantes de prestigio se preparaban buenos cebiches pero el hecho real es que su consumo no era masivo y la oferta se ceñía a los sitios mencionados.

Mariano Valderrama (Lima, 1944) en su impecable libro “Rutas y sabores del cebiche” recrea la evolución del consumo del cebiche en Lima y alrededores, haciendo un inventario de restaurantes pioneros en la propuesta de la cocina marina. Mariano, sociólogo de profesión y voz autorizada en el país en asuntos de cooperación internacional, es también gastrónomo pero, sobre todo, un gran comensal, por lo que sus palabras tienen años de fundamento y cuchara.

A fines de la década del setenta, aparecen unos cuantos locales que asociaron el cebiche con la música tropical y la salsa siendo el más conocido el Latin Brothers (curiosamente omitido por Mariano en su libro) ubicado en Lince a inmediaciones del Parque de los Bomberos y que, posteriormente, abrió otro local en la calle Cantuarias en Miraflores; en el que se alternaban las fuentes de cebiche con presentaciones de salseros nacionales e internacionales de la talla de Cuco Valoy que dejó inmortalizada su imagen en un mural gigantesco del local de la avenida José Leal.

Salta a la luz el restaurante el Jíbaro en la avenida La Paz en el límite de San Miguel y el Callao y una serie de sucursales y variantes con el nombre de El Jibarito en la misma zona, en las primeras cuadras de Faucett y en las inmediaciones de la avenida Brasil con Javier Prado en Magdalena. Se abren otros locales como El Tiburón y el Rincón del Ronco, convirtiendo la zona en un referente de paso obligado. La novedad de estos lugares es que incorporan el concepto de la venta del cebiche en fuente y a precios bastante cómodos. Asimismo, hace su aparición en el mercado masivo de los consumidores de comida marina como complemento ideal al cebiche, la jalea (fritura arrebosada de pescado, calamar, pulpo y pota acompañada de zarza criolla, yucas fritas, cancha y salsa tártara), desconocida para la mayoría de comensales pero de gran aceptación. Las cartas se diversifican e incorporan arroces, sudados, parihuelas y demás. Sin embargo, prevalece la combinación del cebiche y la jalea (con altas dosis de canchita previa) que venía a ser algo similar a la clásica alternativa del chifa: wantán frito, arroz chaufa y tallarin saltado.

Ya entrados los ochentas, aparecen nuevas opciones más pulidas y suenan fuerte el Sonia y Esperanza en Chorrillos, 2 restaurantes de las mismas quiosqueras del muelle de Pescadores que orientan su oferta culinaria a comensales más exigentes y con mayor poder adquisitivo. En otros barrios se dan a conocer el Mamice, Delfino mar, Piscis, Puerto Pizarro, Francesco, Los Cebiches y el famoso Don Beta en la calle José Gálvez en Miraflores, frente a los helados Alpha. Posteriormente, se crea la cadena de Cebiche del Rey en diferentes distritos pero con una oferta más comercial y de calidad muy inferior a los mencionados.

El concepto de las fuentes de espléndidas y hasta pantagruelicas porciones en algunos casos, atrae la atención de los jóvenes de clase media y media alta hacia los barrios populares y, paralelamente, se consolida el consumo del pescado y los mariscos en la ciudad; siempre asociado a la salsa, la música criolla, el sol, el fulbito sabatino y sobre todo a la cerveza bien helada.

En la década del noventa se arraiga la oferta culinaria de pescados y mariscos en Lima y se perfecciona y estiliza en el último decenio con el boom de la cocina gourmet y las sensacionales fusiones que logran los cheffs de escuela, pero, fundamentalmente, aquellas que provienen de los pioneros que empezaron años atrás a experimentar técnicas y sabores, siendo las de influencia china y nikei las más sorprendentes al exigente paladar de los peruanos de cuchara brava.

Los que tuvimos la suerte de haber vivido de cerca la evolución del cebiche que pasó de ser un plato de pescadores a adornar las mesas de los más exclusivos restaurantes de Lima, podemos vivir para contarla. Ahora que hay mucho de pose en saber de cocina, datear huariques y calificar platos, toma valor aquellas incursiones sabatinas y domingueras en casi todos los locales descritos, hechas con naturalidad y altas dosis de curiosidad, con ganas de aprender a comer cosas diferentes sin miedos ni prejuicios, con audacia capaz de vencer, en su momento, al mismo miedo a la epidemia del cólera.